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El rey de los planos: La Sandalia de Júpiter

De temporada

Termina la temporada del lenguado

Termina la temporada del que, junto al rodaballo, comparte el título de rey de los pescados planos: el lenguado. Durante estas semanas en las pescaderías de nuestro país encontraremos lenguados salvajes en su mejor momento. Y aunque no es un pescado barato, sus cualidades bien merecen que, en temporada, nos rasquemos un poco el bolsillo.

Para poder diferenciar un lenguado salvaje desde el mostrador solo tendremos que fijarnos en su piel, que deberá tener un aspecto meloso, jugoso, resbaladizo, tiene que parecer que al cogerlo se nos va a escapar de las manos. El lenguado se alimenta de peces pequeños, crustáceos e invertebrados que habitan el fondo del mar por lo que su carne tiene un sabor exquisito.

Origen del lenguado

El consumo de lenguado tiene su origen, como no podía ser de otra forma, en la época romana. Fue en ese momento cuando recibió su apodo: la Sandalia de Júpiter, debido a su forma aplanada. Cuando aquello era servido como segundo plato en las grandes Cenae, la comida más importante del día entre las familias nobles.

Ya en el siglo XVI, en plena transición entre el Renacimiento, donde se recuperaron antiguas tradiciones de las culturas clásicas, y la Edad Moderna, el consumo de lenguado fue habitual en las zonas costeras. No tanto en el interior al tratarse de un alimento muy perecedero y con elevados costes de transporte.

Finalmente, en el siglo XVII los pintores flamencos Alexander Adriaenssen, Frans Snyders y Clara Peeters incluyen en sus obras especies de pescados como los arenques, anguilas, carpas o lenguados.

Curiosidades del lenguado

El lenguado posee una sorprendente cualidad: es capaz de cambiar de color para adaptarse a su entorno. Su piel suele adquirir tonalidades arenosas para camuflarse entre las rocas y la arena y pasar desapercibido para defenderse de los depredadores y acechar a sus presas.

No obstante, hay diversas leyendas que tratan de explicar la forma tan característica del lenguado. Una de ellas habla del profeta Moisés y sus problemas en la cocina. En una sartén había añadido aceite y un lenguado. Como el profeta tenía en su mente otros menesteres dejó pasar el tiempo y cuando volvió, el pescado se había frito en exceso por uno de sus lados.

Así, cogió el pez y lo tiró al mar, pero al contacto con el agua retornó a la vida, mostrando en adelante un color oscuro o terroso (la parte quemada) y el otro blanquecino (la zona que permanece pegada al fondo).

El lenguado también al nacer tiene un ojo a cada lado de la cabeza, pero al llegar a la edad adulta uno de los ojos se muda para que los dos estén en el mismo lado. Eso le permite quedarse en el fondo del mar y ver a sus presas con ambos ojos. Pasa su vida adulta en el fondo acostado sobre su lado izquierdo.

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